Escribir a diario

3 motivos por los que un copywriter debe escribir a diario

Imagina que decides correr un maratón. Te apuntas, pagas la inscripción, compras las zapatillas más caras de la tienda y te visualizas cruzando la meta con los brazos en alto mientras suena «Eye of the Tiger» de fondo.

Pasan 6 meses. No has corrido ni para coger el autobús. El día del maratón llegas convencido de que tu determinación interior compensará la falta total de entrenamiento.

Spoiler alert. No lo hace.

Con el copywriting pasa exactamente lo mismo. Puedes leer todos los libros de Sugarman, memorizar las fórmulas de Ogilvy y tatuarte «AIDA» en el antebrazo, pero si no escribes cada día, el día que te sientes frente a un proyecto real tu cerebro hará lo mismo que tus piernas en ese maratón imaginario.

Abandonarte a mitad de camino.

Eugene Schwartz, uno de los copywriters más brillantes de la historia, escribía religiosamente 3 horas cada mañana durante 5 días a la semana. Gary Halbert insistía en escribir siempre a la misma hora para «hackear» el subconsciente. Bob Bly, cuando le preguntan su secreto, responde con 4 palabras que aburren a cualquiera. «Escribo todos los días».

¿Por qué estos genios del copy, con todo su talento natural, insistían tanto en algo tan aparentemente obvio?

Aquí van 3 motivos que quizás te convenzan de dejar de procrastinar y empezar hoy mismo.

Motivo 1. Tu Cerebro es un Músculo Vago que Necesita Gimnasio

Tu cerebro tiene una relación complicada con el esfuerzo. Básicamente, lo odia. Prefiere scrollear Instagram, ver vídeos de gatos y preguntarse qué habrá para cenar antes que enfrentarse a una página en blanco.

La única forma de domar a esta bestia perezosa es obligarla a trabajar cada día hasta que escribir se convierta en algo tan automático como respirar o quejarse del tiempo.

Schwartz lo tenía clarísimo. Configuraba un temporizador de 33 minutos y 33 segundos, escribía sin parar, descansaba brevemente y repetía. ¿Por qué tan específico? Porque eliminaba cualquier decisión del proceso.

Cuando eliminas las decisiones, eliminas las excusas. Y cuando eliminas las excusas, tu cerebro vago se rinde y hace el trabajo.

La ciencia dice que necesitas al menos 3 meses de práctica consistente para formar un hábito sólido. Eso significa que si escribes hoy, mañana, pasado y así durante 90 días seguidos, tu cerebro eventualmente dejará de quejarse.

Empezará a pedirte que escribas. Como un perro que te trae la correa porque ya es hora del paseo.

Mike Palmer, otro copywriter de élite, describe su rutina con orgullo. «Escribo primera cosa cada mañana durante al menos 3 horas. Configuro el temporizador a 45 minutos y durante ese tiempo no puedo hacer absolutamente nada más que trabajar en el copy».

La clave está en esa restricción. Durante esos 45 minutos, escribir es la única opción. No revisar el móvil. No «solo un momento» en Twitter. Escribir.

Don Mahoney lo resume con la sutileza de un martillo. «Escribe, escribe, escribe, escribe, escribe».

Poético, ¿verdad?

Motivo 2. Así Encuentras tu Voz y Dejas de Sonar Como un Robot

Aquí va una verdad incómoda. La mayoría del copy que existe en internet suena exactamente igual. Frases genéricas, estructuras predecibles, el mismo tono corporativo que parece escrito por un comité de 47 personas que nunca se han reído de un chiste.

La única forma de desarrollar una voz única y reconocible es escribiendo tanto que eventualmente dejes de imitar a otros y empieces a sonar como tú mismo.

Cuando escribes a diario, especialmente sobre temas personales o en formatos libres como el journaling, entrenas tu capacidad de ser auténtico. Dejas la cabeza a un lado y escribes desde el corazón.

También matas al monstruo del perfeccionismo. Cuando tienes que producir algo cada día, simplemente no hay tiempo para obsesionarte con cada coma durante 3 horas.

El mantra «mejor hecho que perfecto» deja de ser una frase motivacional de LinkedIn y se convierte en tu realidad.

Además, la práctica diaria te obliga a mejorar técnicamente. Un día puedes enfocarte en escribir titulares magnéticos. Otro día practicas condensar textos largos en versiones más cortas.

Un ejercicio brutal pero efectivo consiste en coger cualquier texto y reescribirlo diciendo lo mismo con menos palabras. Si haces esto una vez al día durante un mes, tu escritura mejorará dramáticamente.

Hazlo durante un año y empezarás a mirar el copy de otros con una mezcla de compasión y superioridad.

Motivo 3. Conviertes tu Vida Entera en Material de Trabajo

Los copywriters que escriben a diario tienen un superpoder secreto. Van por la vida como detectives buscando pistas, observando conversaciones en cafeterías, analizando por qué ese anuncio del metro les hizo sentir algo y coleccionando pequeños tesoros que luego aparecen en su trabajo.

Cuando sabes que mañana tienes que escribir algo, hoy prestas más atención. Escuchas mejor. Observas más. Tu cerebro está constantemente en modo «esto podría servir».

Y luego lo escribes, extraes algún aprendizaje, y de alguna forma lo inmortalizas para poder usarlo cuando lo necesites.

Joseph Sugarman hablaba del «proceso de incubación», esa magia que ocurre cuando tu subconsciente trabaja en un problema mientras tú estás haciendo otras cosas.

La escritura diaria mantiene ese proceso constantemente activo. Es como tener un equipo de creativos trabajando las 24 horas en tu cabeza sin tener que pagarles nómina.

También funciona como meditación. Vuelcas en la página las preocupaciones, los pensamientos que te distraen, las ideas a medio formar. Y desde esa claridad recién conquistada, todo lo demás resulta más fácil.

Los grandes copywriters no solo escriben. Escuchan, investigan, observan y luego transforman todo eso en palabras que conectan. Cada texto que producen está arraigado en empatía genuina porque han pasado tiempo explorando su propia humanidad a través de la escritura.

Esa es la diferencia entre un copywriter que contratan una vez y uno que permanece reservado durante años.

Ahora Te Toca a Ti

Mira, puedo darte todos los argumentos del mundo, citarte a todos los legendarios y explicarte la neurociencia detrás de la formación de hábitos.

Pero al final, la única persona que puede sentarse a escribir eres tú.

No mañana. No cuando termines ese proyecto. No cuando «tengas más tiempo». Hoy.

Empieza con 15 minutos si 3 horas te parecen una locura. Configura un temporizador, elimina las distracciones y escribe lo que sea. Mañana repite. Y al día siguiente otra vez.

En 3 meses tendrás el hábito. En un año, habilidades que ahora mismo ni imaginas. En una década, una carrera construida sobre la disciplina simple de aparecer cada día y hacer el trabajo.

Como dice Don Mahoney con esa elocuencia que le caracteriza.

«Escribe, escribe, escribe, escribe, escribe».

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