Rumores hay de todo tipo y cuando has fundado una de las empresas más grandes de toda la historia, más.
Te estoy hablando de Apple y de todas las conversaciones sobre el origen de su nombre que han recorrido el mundo.
Seguro que en alguna has participado tú.
Una de las más habituales es que es un homenaje a Alan Turing.
Puede que su nombre te suene.
Alan Turing fue la persona que desencriptó el código secreto que utilizaban los Nazis para comunicarse durante la Segunda Guerra Mundial.
Según los expertos, redujo el tiempo de la batalla en hasta 5 años.
Y lo consiguió con una tecnología que, tiempo después, se convertiría en el primer ordenador de la historia.
(Si tienes un iPhone, pregúntale a Alan por esta historia).
La verdad es que la vida de Alan Turing no fue demasiado fácil.
Se suicidó después de que le hicieran de todo cuando descubrieron que era homosexual.
Pasó de héroe a apestado en un momento.
Aunque al menos hace algunos años la Reina de Inglaterra reconoció su trabajo —pero él no está para verlo—.
De todas maneras, estábamos hablando de Apple.
No me he ido por las ramas sin motivo.
Como te contaba, algunas personas cuentan que Apple y la Manzana Mordida eran un homenaje a Alan Turing porque se suicidó comiéndose una manzana envenenada.
Pero esa no es la realidad.
El único objetivo de Steve Jobs con el nombre era aparecer en las primeras posiciones del listado telefónico.
Y Apple le gustaba —además, se trata de un logo que era fácil de ver—.
Te cuento todo esto para hablarte de referentes.
Sentir que Steve Jobs podía tenerlos significa olvidarnos de su tendencia a ser el protagonista.
Y es que él no necesitaba a nadie, se bastaba consigo mismo.
Es cierto.
Puede que pienses que esto es egocéntrico y mil adjetivos más.
Pero quizá esa sea la razón por la que consiguió todo lo que se propuso en vida.
Él era su propio referente.
Y tú puedes y debes hacer lo mismo.
Mira.
Se comparte mucho un consejo que siempre me saca de mis casillas.
«Fíjate en lo que hagan tus referentes y replícalo con tu toque personal».
Y aunque no es el peor consejo que he escuchado, la gente solo se queda con la mitad.
Se fijan.
Se fijan mucho.
Pero nunca pasan a la acción.
He ahí el quid de la cuestión.
Tu éxito emprendedor te requiere a ti, no a Tony Robbins, no a Gary Vee ni a Elon Musk.
Tampoco a Vilma aunque mucho puedes aprender de los 4 anteriores.
¿Qué pasaría si fueras tú tu propio referente?
¿Y si te digo que puedes ayudar a los nombres anteriores, lo creerías?
Puedes.
Y no va de imprimirte un cartel con sus caras y visualizar que te pagan.
Necesitas estrategia, necesitas perseverar, encontrar que te hace único y diferente e ir a por ello.
Y la mayoría no están dispuestos a transitar ese camino.
¿Tú estás dispuesto o dispuesta?