¿Puedo confesarte algo?
Durante los últimos años, me he estado preguntando mucho cuál puede ser el propósito de un blog.
Sobre todo, cuando ya cuentas con doscientos formatos ahí fuera para transmitir la información.
Y, entre tú y yo… todavía no tengo la respuesta.
De hecho, mi jugueteo con este espacio ha sido intermitente durante los últimos años —a pesar de que en el resto de formatos somos un reloj—.
Y, supongo… que el motivo es que no tengo claro qué se puede aportar aquí. Al menos, qué se puede aportar que sea diferente.
Porque para mis reflexiones y consejos, ya tengo la newsletter.
Así que, de alguna forma, hay que darle un meneo.
Pero sé que quiero escribir.
Y sé que quiero escribir algo propio y que no tenga nada que ver con lo que se comparte en otros espacios.
Así que hoy, con Oasis en los auriculares estoy pensando en qué puedo hacer. Qué hacer, en concreto, para que tú quieras leer.
Y se me ha ocurrido una idea.
Durante los próximos días, experimentaré compartiendo contigo anécdotas que me han ido pasando como emprendedor.
Sin orden ninguno.
Y, probablemente, sin más propósito que echar un buen rato entre todos.
Veremos qué tal.
¡Lets go!