Para mí el fin de la Navidad entre el año 2018 y 2019 supuso un punto de inflexión en mi vida.
Vamos, que sin esa Navidad hoy no te estaría escribiendo.
Hasta ese momento tenía un negocio muy diferente al que hoy me da de comer todos los meses.
Me dedicaba al mundo del copywriting por cuenta ajena, pero ni se me había pasado por la cabeza emprender en ello por cuenta propia.
Estaba centrado en sacar hacia delante un negocio de divulgación literaria… con todo lo que ello conlleva.
Pero esa Navidad todo cambió.
Probablemente, sea la Navidad más importante de mi vida hasta ahora.
Me gustaría decirte que pasó algo único, que viví un punto de inflexión, pero todo fue bastante más revolucionario.
Me permití descansar.
En los tiempos que corren, esto parece una heroicidad, ¿verdad?
Cuando paras, suceden cosas increíbles.
Sobre todo si te atreves a irte lejos de tu zona de confort y dejas a tu mente ver qué decisiones quiere tomar de verdad.
Aunque sean complicadas.
Por aquel entonces, el proyecto literario tenía varios años, una comunidad bastante grande y cada vez una facturación mayor.
Ojo, todavía me faltaba un paso más para que fuera un sueldo estable, pero estaba a dos empujones de distancia de lograrlo.
Supongo que tarde o temprano hubiera llegado porque estaba haciendo las cosas bien, pero hacía mucho tiempo que no me llenaba.
Casi que trabajaba por la inercia de llevar tantos años con ello y ser aquello que pensaba que me definía.
O lo que es lo mismo, estaba cometiendo un error que cometen muchos emprendedores.
Ser fiel a tu yo del pasado, pero no a esa visión de ti en el futuro en quien te quieres convertir.
Leí el otro día que el pasado es lo único de lo que podemos estar seguros que no existe.
Y esa es la realidad.
Ese coste de oportunidad no existe. Todo lo que ya ha pasado no se puede cambiar.
SI estas fiestas ha aparecido la idea en la cabeza de dar un paso hacia delante, no esperes más.
Elige ser fiel a tu yo del futuro.
El otro ya no existe.