Robo los secretos de la venta a McDonalds

Seamos honestos. Las hamburguesas de McDonald’s no son las mejores hamburguesas del mundo.

Tú lo sabes. Yo lo sé. McDonald’s lo sabe. Tu tía que solo come orgánico definitivamente lo sabe y te lo recuerda en cada cena familiar.

Y sin embargo, este vendedor de carne procesada sirve 69 millones de clientes cada día. Más gente que la población entera de España, Italia o Francia pasando por sus restaurantes en 24 horas.

¿Su secreto? No es la receta secreta de la salsa Big Mac.

Es que McDonald’s son unos genios absolutos del copywriting y llevan décadas demostrándolo.

Si estos tipos pueden convertir carne congelada en un imperio global usando palabras bien elegidas, imagina lo que tú puedes hacer con un producto que realmente sea bueno.

Aquí van 3 lecciones que deberías tatuarte en el antebrazo.

Lección 1. Si Necesitas Más de 3 Palabras, Estás Complicándote

McDonald’s tiene un superpoder que pocos copywriters dominan. Pueden explicar cualquier cosa usando el mínimo de palabras posible.

«I’m Lovin’ It». 3 palabras.

Un anuncio en la estación de metro de Londres decía «Tap in. Tap out. Tuck in». 3 frases. Cada una con 2 palabras. Cada palabra con una sílaba. Todas empezando con T.

Dilo en voz alta. Suena a poesía de hamburguesa.

Esto no es casualidad. Es la Regla del 3, y los copywriters profesionales la tratan como mandamiento divino.

¿Por qué 3? Porque 2 elementos suenan incompletos. 4 elementos son demasiados y la gente pierde la cuenta. 3 es el número mágico donde tu cerebro dice «perfecto, lo pillé».

McDonald’s también usa aliteración como si les pagaran por cada letra repetida. «Tap, tap, tuck». Todas con T. Suena satisfactorio incluso si no sabes por qué.

Ahora compara con cómo escribiría la mayoría. «Utiliza tu tarjeta de transporte para entrar y salir del metro y luego disfruta de una deliciosa comida en nuestro restaurante convenientemente ubicado».

Técnicamente dice lo mismo. Prácticamente nadie lo recordará jamás.

¿Cómo lo aplicas?

La próxima vez que escribas un titular, obsérvalo con ojos de asesino y pregúntate ¿puedo decir esto con menos palabras?

Si tu eslogan necesita una explicación, no es un eslogan. Es un párrafo disfrazado.

Lección 2. Sé Aburrido en el Buen Sentido

McDonald’s tiene más de 40.000 restaurantes en 100 países. Podrían ser completamente diferentes en cada lugar. Menú distinto, decoración distinta, experiencia distinta.

Pero no lo son.

Vayas donde vayas en el planeta, sabes exactamente qué esperar cuando ves los Arcos Dorados. Las patatas saben igual en Japón que en Perú. El Big Mac tiene el mismo tamaño en Sudáfrica que en Noruega.

Hasta el maldito removedor de café es idéntico en todos los países.

¿Aburrido? Quizás. ¿Efectivo? Absolutamente.

Ray Kroc, el fundador, llamaba a esto el principio KISS. Keep It Simple, Stupid. Mantén todo estandarizado, repetible, predecible.

¿Por qué funciona tan bien?

Porque la consistencia construye confianza. Y la confianza mata la fricción en la decisión de compra.

Imagina que estás en un aeropuerto de un país donde no hablas el idioma. Tienes hambre. Ves opciones locales que podrían ser deliciosas o podrían destruir tu estómago durante las próximas 48 horas.

Y ves McDonald’s.

Sabes lo que obtienes. Cero sorpresas. Cero riesgo. Decisión tomada en 2 segundos.

McDonald’s nunca intenta ser elegante un día y rebelde al siguiente. Nunca cambia su personalidad según las tendencias. Eligen un carril y se quedan ahí durante décadas.

Familia. Conveniencia. Diversión. Asequibilidad. Repetir hasta el infinito.

¿Cómo lo aplicas?

Deja de reinventar tu mensaje cada semana como si fueras una estrella del pop en crisis de identidad.

Encuentra tu promesa central y repítela hasta que te aburras. Luego sigue repitiéndola. Porque cuando tú estás aburrido de tu mensaje, tu audiencia apenas empieza a recordarlo.

La gente no confía en marcas impredecibles. Confía en marcas que dicen lo mismo hoy que dijeron ayer.

Lección 3. Nadie Compra Hamburguesas

Aquí está el secreto que vale millones y que McDonald’s lleva explotando desde que tú eras bebé.

McDonald’s no vende hamburguesas.

Piénsalo. ¿Cuándo fue la última vez que viste un anuncio de McDonald’s hablando sobre la calidad de la carne? ¿Sobre el proceso de cocción? ¿Sobre los ingredientes?

Nunca. Porque saben que perderían esa batalla.

En cambio, venden sentimientos.

«We Love to See You Smile». No dice nada sobre comida.

«Food, Folks, and Fun». Técnicamente menciona la comida, pero la entierra entre personas y diversión.

Durante la pandemia, lanzaron una campaña emocional honrando a familias separadas por el COVID. Abuelos que no podían ver a sus nietos. Amigos que se echaban de menos. Cero hamburguesas en pantalla.

El Happy Meal es probablemente su invención más brillante. Los padres no compran una hamburguesa pequeña para sus hijos. Compran 20 minutos de paz mientras el niño juega con el juguete.

El programa Ronald McDonald House proporciona alojamiento para familias con niños enfermos. No tiene absolutamente nada que ver con vender comida rápida. Tiene todo que ver con que sientas algo positivo cuando pienses en McDonald’s.

Hasta su pricing es emocional. Todo cuesta 4,99 en lugar de 5,00 porque suena más barato aunque tu cerebro sepa perfectamente que es prácticamente lo mismo.

No es lógico. Es emocional. Y funciona.

¿Cómo lo aplicas?

Deja de escribir especificaciones técnicas y empieza a escribir transformaciones emocionales.

Si vendes un curso de copywriting, no escribas «aprenderás 47 técnicas probadas de persuasión con ejercicios prácticos y feedback personalizado».

Escribe «imagina despertar mañana con un email de un cliente que acaba de pagarte 3.000 euros por un proyecto que hiciste en una tarde».

La primera describe el producto. La segunda describe cómo se sentirá tu vida después del producto.

McDonald’s sabe que su comida no va a ganar premios gastronómicos. Así que venden absolutamente todo lo demás.

Tu producto probablemente sea mejor que una hamburguesa procesada.

Ahora aprende a venderlo igual de bien.

La Receta Secreta

McDonald’s construyó un imperio de 69 millones de clientes diarios vendiendo hamburguesas que nadie considera las mejores del mercado.

Lo hicieron simplificando mensajes hasta que un niño de 5 años pudiera repetirlos. Manteniendo consistencia fanática durante décadas. Y vendiendo emociones en lugar de productos.

Si ellos pueden hacer eso con carne congelada, tú puedes hacer maravillas con lo que sea que vendas.

Como decía Ray Kroc, Keep It Simple, Stupid.

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